¿Qué me trajo el monte? propone un acercamiento sensible al paisaje del monte cordobés como ecosistema vital y territorio de transformación. Este cuerpo de obras se origina en una relación sostenida con el entorno natural, donde la experiencia cotidiana del espacio se traduce en gesto, materia y atmósfera visual.
La propuesta desplaza el eje desde la observación hacia una forma de mímesis: el paisaje deja de ser un motivo externo para volverse un acto de apropiación y traducción sensible. En estas piezas, el monte aparece como un escenario de convivencia donde se articulan los ciclos naturales, la memoria de la tierra y la experimentación plástica.
El monte aparece, también, como un ámbito de cuidado y de transmisión. Es el paisaje que acompañó la maternidad de la artista y que hoy envuelve la infancia de su hijo, un ámbito natural que sostiene la vida cotidiana y se infiltra en la práctica creativa. En ese cruce entre experiencia vital y producción artística, la obra sugiere pensar el paisaje como una red de vínculos atravesada por una ética de cuidado hacia la tierra que nos acoge.
La materialidad de las piezas es parte fundamental de este proyecto. Los elementos utilizados no son únicamente recursos formales, sino huellas directas del territorio, de los procesos de recolección y transmutación vinculados al contexto natural. El carboncillo de sauce, obtenido mediante la alquimia del fuego y la madera recolectada en orillas fluviales, representa tanto el proceso de cambio de la materia como la ética de la recolección: tomar solo lo necesario. La arcilla, por su parte, actúa como representante de la reminiscencia de la tierra, una síntesis del paso del tiempo y de la persistencia geológica que permanece en nuestras manos.
El color y el clima pictórico construyen un paisaje que aloja. Estas superficies proponen un clima de inmersión donde las formas ondulan, se expanden, se entrelazan, evocando así el pulso vital del monte, con la densidad del follaje, la intensidad de las tormentas, el movimiento del agua y la quietud del paisaje.
Las obras se despliegan como superficies de gran formato que ocupan el espacio expositivo y generan una experiencia perceptiva, donde el espectador no solo observa sino que habita el paisaje que las piezas proponen. En sus tonalidades verdes y en la presencia de arcilla colorada emergen formas que remiten a la flora y fauna autóctona, creando un imaginario donde lo vegetal y lo animal se encuentran. Estas piezas expanden el paisaje más allá de la representación para convertirlo en presencia material dentro del espacio de la muestra.
Así, ¿Qué me trajo el monte? se configura como una reflexión visual sobre la convivencia con el territorio, donde paisaje, cuerpo y materia se entrelazan para recordarnos que la naturaleza no es un fondo distante, sino una trama viva de la que formamos parte.
Texto por Lucía Jazmín Collado.